Cuando nuestras queridas ciudades fueron fundadas, estaban compuestas de una plaza central y cuatro calles. A partir de ese punto se comenzaron a extenderse residencias, comercios y edificios de gobierno. La ciudad daba la imagen de una organización perfecta en beneficio de sus habitantes y a fin de brindar todos lo necesario a sus pobladores, también se desarrollaban barrios paralelos de los que todos tenían conocimiento, pero nadie comentaba.
Esta zona paralela tenía su propio código, su horario de turismo y “servicios” exclusivos. En principio la prostitución era la actividad desarrollada. En algunos lugares del mundo iluminaban las calles con luces rojas, para que los clientes pudieran identificar la naturaleza del negocio, de allí el nombre de “Zona Roja”.
Por tratarse de una industria al margen de la vida pública, su asentamiento se prestaba para otras actividades de dudosa legalidad, de allí que la violencia estuviera a la orden del día.
En Latinoamérica una “Zona Roja” denota más bien un sector con altos índices de delincuencia, aludiendo al término “Crónica Roja”, una crónica periodística sobre el bajo mundo de los crímenes y los hechos bañados en sangre.
Hoy en día, todas las ciudades del mundo tienen sus "Zonas Rojas", lugares en los cuales la profunda depresión económica, ausencia de educación y valores, sirven como caldo de cultivo para la delincuencia.
La facilidad de transporte ha contribuido a qué los hampones accedan y escapen con mayor facilidad de zonas residenciales, laborales y financieras. Esto unido a una combinación de factores, como ausencia de seguridad, soledad, horas de mayor o menor transito y otros; ha hecho que el mapa de nuestra ciudad este teñido con el ROJO INSEGURIDAD casi totalmente.
Sin embargo hay casos exitosos, que a través de servicios privados de seguridad han logrado mantener a raya la delincuencia.
Estos lugares usan una fórmula que, en “Asesores de Sistemas Avanzados de Seguridad. ASAS C.A. “ nos gustaría compartir con ustedes, pero eso será en una próxima entrega.